• Curaduría 1 de Girón

LA PERSPECTIVA DEL CURADOR URBANO

Farid Numa Hernández.*

Los Venerables ancianos nos enseñaron que la oscuridad no existe, lo que se presenta es ausencia de luz, por eso cuando una llama se enciende se disipan las tinieblas, un faro de luz en la inmensidad del mar es suficiente para que las naves lleguen a buen puerto.


Esta imagen nos permite pensar que cuando la figura del Curador Urbano emergió con el decreto ley 2150/1995 “lucha contra corrupción y la tramitomanía” el curador seria esa luz que iluminaria el espacio y el ámbito confuso en que se hallaban los tramites de las licencias de urbanismo y construcción en las oficinas y secretarias de Planeación todo el país, que afectaban negativamente al sector de la construcción, por las inexplicables demoras y los trámites y requisitos que las Administraciones de la ciudad se inventaban cada día, que entrababan el desarrollo y el curso normal de cualquier proyecto urbanístico.


El balance de los primeros años de ejercicio del Curador, fue altamente positivo, pues contrastaba con el escenario anterior, de la paquidermia y las mil vueltas en las alcaldías para obtener una licencia de construcción, los burgomaestres y los gamonales, en ese entonces, no sabían que era un curador urbano, pero con el paso del tiempo comprendieron que con la delegación de la función pública en estos, su “poder” se les había disminuido y al igual que en la formulación de los POT, de segunda generación encontraron una veta inmensa, para controlar el territorio y direccionarlo de acuerdo a sus intereses.


Después de 20 años de ejercicio, hoy la figura del curador vuelve a estar en una nueva situación, con la creación de la Superintendencia Delegada para las Curadurías Urbanas, adscrita a la SNR y el Ministerio de Vivienda Ciudad y Territorio, más atento y decidido a fortalecer esta figura que estuvo literalmente huérfana durante 20 años; los curadores de toda Colombia, agrupados en el Colegio Nacional de Curadores, debemos retomar los valores vulnerados, el profesionalismo integro en nuestras actuaciones y una postura ética e indeclinable, como principio y fundamento de la naturaleza de lo que debe ser un Curador Urbano.


Esta perspectiva es la única posible para que la figura del curador, sobreviva con dignidad, a las arremetidas y tentaciones de esta época aciaga en nuestro país, cumpla con la función encomendada con todo el rigor académico y el profesionalismo que ella requiere y como colectividad o gremio le aporte históricamente, al análisis y la reflexión en la construcción de la ciudad Colombiana.



El mayor bien material que históricamente la civilización ha creado es la urbe, en ella se desarrolló la escritura, la ciencia, la tecnología, la filosofía, las artes y todas las manifestaciones culturales, que le permitieron a la humanidad el tránsito de la barbarie a la civilización, el progreso del hombre a instancias superiores para acceder al mundo de lo espiritual, donde él piensa como ser creador y se atreve a soñar en su devenir.

Tenemos pues que la ciudad se constituye en el escenario más importante donde se da la transformación y evolución de la sociedad, hacia planos superiores del conglomerado social y en esa perspectiva real del mundo de hoy, regido por la economía de mercado, es indudable que la ciudad es el bien más preciado, el de mayor valor por lo que este representa y lo que sucede cotidianamente en su espacio: Todas las transacciones económicas del mundo globalizado, los avances científicos, los desarrollos tecnológicos, los movimientos políticos y sociales, la febril actividad artística y cultural y el transcurrir de la vida cotidiana de la gran mayoría de la población mundial.


Ante ese reto monumental, de coadyuvar a que la ciudad cumpla su rol histórico, y en ella se produzca la evolución del hombre a niveles superiores de su existencia, es que estamos enfrentados los curadores urbanos, tenemos el deber de poner todo nuestro conocimiento y competencia para aportar en la construcción social que el mundo requiere cada día; se equivocan aquellos que solo ven la inmediatez de un ejercicio rutinario y tedioso en las Curadurías urbanas, nada más lejos de la realidad del mañana que un curador anquilosado, detrás de su escritorio, apegado a viejos códigos y a limitar su ejercicio a la firma de planos, pergaminos y obsoletos documentos que el mundo moderno, el del mañana, que ¡ya es hoy! Ira tirando en el cajón de la historia.


Por estas poderosas razones y mil motivos más, llamamos a todos los Curadores para que nos agrupemos y fortalezcamos el Colegio Nacional de Curadores Urbanos de Colombia, para que cumplamos con nuestra misión histórica y retomemos los valores vulnerados, el profesionalismo integro en nuestras actuaciones y una postura ética e indeclinable, como principio y fundamento de la naturaleza de lo que debe ser un Curador Urbano.


Pues una sola luz, puede iluminar el espacio y ¡resplandecer en medio de las tinieblas!


*Presidente del Colegio Nacional de Curadores Urbano de Colombia.

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